Caminaba con ansiedad, más
nerviosa aun que ese 25 de agosto que le pedí que fuese mi novia, por mi mente
pasaban muchas opciones de frases que podría decirle al verla: ¿Cómo estás? ¿Sería
algo prudente?, NO… era obvia la respuesta, se limitaría a responderme: “BIEN”
como es común en ella, pensé en no decirle nada, camine y busque con la mirada
algún puesto de flores, compraría una rosa color atardecer, si, sus favoritas.
Una rosa de color rosado.
Aun con el nerviosismo sobre
mi piel, ya con la rosa en mis manos oculta bajo mi saco buscaba entre toda la
gente un rostro inconfundible.
Son 10 minutos de retraso a
la hora en que habíamos acordado, si, fui puntual y eso es extraño en mí.
De pronto la vi, caminando
entre todos esos cuerpos y rostros desconocidos después de 42 días sin verle,
mi ritmo cardiaco se acelero
aun mas que cuando hacia mis primeras rutinas de cardio después de fumarme una
cajetilla de cigarros.
Tan sorpresivo fue para las
dos que al encontrarnos ni siquiera nos vimos a la cara y nos limitamos a
darnos un abrazo, de esos que dicen sin necesidad de palabras:
“No me sueltes, abrázame más
fuerte”. Cerré mis ojos instintivamente, suspire y la sujete contra mí como
nunca antes lo había hecho, no quería que ese momento terminara.
Charlamos de esto y aquello,
de cómo le sentaba estar sin mí, de la ultima discusión que tuvimos, de los
¿Por qué? Que ambas teníamos reprimidos,
Sentí una paz inmensa en
interior, estaba segura de que mi lugar era a su lado… Percibí que me extrañaba
tanto como yo a ella,
Pero las dos estábamos consientes de que no
era algo sano volver por lo crudo e intenso de la situación,
Quizá en un futuro si Dios y
el destino así lo quieren.
Aclaradas las dudas por
ambas partes, de pronto ya había pasado 1 hora de hablar y cruzar miradas
repentinamente, sonrojándonos al darnos cuenta de ello…
Llega el momento que tanto anhelaba hasta en
sueños: VOLVER A BESARLA, que nuestros cuerpos se acercaran poco a poco,
mirarnos sin decir nada.
Y de pronto que los
sentimientos salieran a flor de piel y estallaran en un acto sin espacio ni
tiempo, el arte de llevar un deseo a la acción…
Fue tan pleno, tan subliminal y tan mágico que
sin pedirlo llego a mí una línea de tiempo mental, fue como aquel primer beso,
ese que sorprendió al mundo aquella noche, en donde yo aun con el alcohol en mi
cuerpo la bese como si estuviésemos solas.
Pero sería una fantasía
creer que ese beso también significase tanto para ella.
La noche trascurrió y no
dejamos de mirarnos, abrazarnos y tomarnos de la mano, como si jamás hubiera
dejado de ser su novia, y es que nos vemos tan bien juntas, en serio, tiene
todo lo preciso para mí y sé que yo tengo lo exacto para ella, un complemento
como el YING y el YANG.
Cuando por fin llego el
momento de despedirnos, solo la mire y le di el último beso de despedida, aun
mejor que el primero.
Estoy tranquila y satisfecha
al saber que si esa fue la última vez nos permitimos estar juntas, no me guarde
nada, dije lo que sentía sin filtro alguno y actué sin que nadie más que mis
propias decisiones influyeran sobre mí.