Dos cuerpos anhelando
convertirse en uno solo,
Una encantadora canción
sonando en el fondo y dos personas que poseen en común un descomunal amor la
una por la otra, que está en la espera de proyectarse en un acto físico.
Hay cosas que simplemente
están destinadas a suceder.
No hay sensación que se
iguale a lo que yo experimente esta tarde a su lado, porque no fue una sola
sensación… Existió una combinación de pasión, deseo, amor, ternura, cariño,
devoción, floreció algo eminente y extraño.
La manera en la que nos
besábamos, como si jamás lo hubiésemos hecho, y es que realmente nunca lo
hicimos de esa manera, en 370 días de relación, nunca como en ese instante
fugaz, con tanta delicadeza.
Recorrer su cuerpo con la mirada y verle
perfecto, creado específicamente para mi, majestuoso, dominante y excepcional,
elaborado por los mismos Dioses.
Navegar entre su espalda,
percatarme de cómo su piel se erizaba al contacto de mis labios en sus pechos,
embarcarme en su plano abdomen, olfatear la deliciosa fragancia que el sudor en
su cuello destilaba, acariciar cada zona en su piel.
Sus dedos transitando por mi
espalda con ese excitante y enternecedor roce, y es que solo ella sabe dónde y
cómo palpar cada área de mi cuerpo, descubrió puntos débiles en mi que ni yo
tenía el conocimiento de que existían.
Tengo la dicha de manifestar
haber hecho el amor, como en las novelas se relata, una entrega total no de
cuerpos, sino de almas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario