Leer carta por carta, desde
que teníamos 30 días de ser “Tu y yo contra el mundo” hasta la última que me
diste ese 25 de julio del 2013, llorar, gritar, arrepentirme, decepcionarme y
aguantarme las ganas de quemar los recuerdos hechos papel con encendedor en
mano.
Pero odio saber que yo si
cumplo mis promesas, y a ti te prometí que no quemaría ni rompería todos esos
recuerdos. Y que absurdo es haberlo prometido, porque hay promesas que dañan,
que lastiman y que ofenden hasta tu propia dignidad.
Estoy optando por guardarlas
en un lugar en el que me dé pena ir a buscarlas, en esas noches en las que te
pienso de más y me atrevo a todo con efectos de alcohol o algún otro químico.
Creo que elegiré el closet de mi madre, si,
ahí estarán seguras en algún rincón… Así cuando las intente recuperar, mi madre
preguntara qué es lo que busco entre sus cosas y me iré sin responderle nada,
porque para la sociedad ya no existes en mis recuerdos y mucho menos en mi vida.

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